Ceguera y pobreza. ¿Quién podrá ayudarlos?

En México la pobreza se ve diferente cuando “no se ve”. ¿Cómo ganarse la vida cuando las oportunidades son pocas y además eres ciego? En una entrevista con Toño (invidente), quien es director de un grupo musical llamado La pandilla Pepe, formada por 5 integrantes, de los cuales 4 son también invidentes, me enfrenté a la realidad del ciego mexicano.

Al inicio de la entrevista Toño recuerda: Había una vez un pueblo sanguinario, dividido, oportunista, que no quería crecer. Refugiado en su derrota, en sus miles de derrotas, cobijado por la autocompasión, para cada fracaso tenía una excusa, una explicación. En las páginas del libro El pueblo que no quería crecer, de la fallecida escritora Ikram Antaki, están atrapados los estereotipos del “monstruo mexicano”. Ahora sólo queda transportar todo eso al plano del ciego mexicano. El egoísmo existe en todos, no importa si eres ciego o invalido, el egoísmo siempre está presente.

¿Cómo es el ciego Mexicano Toño? 

 El ciego mexicano… ¿Conoces las tiendas de perfumes baratos donde utilizan gotas de esencia para hacer un perfume? El ciego es precisamente esas gotas de esencia. De momento parece que su olor es estable y poco a poco te das cuenta de que no es así. Lo malo se siente más. De la misma manera un ciego da la apariencia de ser pasivo, obediente y quieto cuando platicas con el o ella, pero en su medio natural su comportamiento habitual es diferente.

¿Qué quiso decir Toño con estas palabras? Exponer la falta de empatía entre homólogos, entre seres humanos, exponer que en un México lleno de gente egoísta y estafadora, de gente que dice sí pero hace lo contrario, de personas que, en palabras de Ikram Antaki “no gustan de la colaboración”, no hay espacio para crecer siendo ciego.  Al decir esto entendemos que incluso entre ellos hay egoísmo. ¿Quién los ayuda si nadie los ayuda? “El egoísmo es natural”, comenta Toño, “podemos estar tocando en cualquier estación del Metro o cualquier parque y no falta el listo que pasa con un bote a pedir dinero, como si formara parte de nuestro grupo, y se lo lleva. Tampoco falta el  ratero que nos da cambio con billetes falsos.”

Ya lo expuso William Hazlitt en su obra El placer de odiar, que culmina con la interrogante “¿Cómo no odiarme a mí mismo?”, donde analiza el comportamiento humano y, al darse cuenta que forma parte de esta especie, se odia a sí mismo al ver las atrocidades de las cuales el ser humano es capaz, considerando que no nos mueve la compasión. Al mexicano no le mueve un pelo. Nuestro país es un caos: en México las calles son irregulares, hay boquetes a cada paso y no existe ningún método para ayudar al desplazamiento y orientación de los invidentes. Si no contamos con infraestructura para discapacitados, ¿cómo imaginar el contar con una sólida infraestructura para ciegos? Por supuesto sería fútil el hablar siquiera del turismo para personas con capacidades diferentes. ¿Encontrar acceso a una playa para personas en silla de ruedas? ¿Menús en braille?

A los ciegos nos dan $760.00 pesos al mes, nosotros le llamamos el Programa Lopez Obrador. Esa es nuestra ayuda, me cuenta Toño lentamente.

La planeación urbana en México no va a cambiar, el gobierno no va a cambiar, el egoísmo humano no va a cambiar y la situación económica de muchos de los ciegos Mexicanos probablemente tampoco cambie, pero en algún grupo o sector poblacional debe existir un poco de empatía y honestidad para entender que el vivir con una discapacidad es un reto y más viviendo en un país donde (una vez citando a Ikram Antaki) “En los momentos dramáticos, surge una suerte de solidaridad masiva emocional, pero ésta se apaga rápidamente; y jamás la he visto surgir para la realización de una tarea racional constructiva y de largo plazo”. Lo cual nos deja abatidos y desarmados. ¿Cómo lograr un cambio en medio de este México?

Seguiremos (algunos) soñando con un México de inclusión social y respeto mutuo. Seguiremos escuchando historias de ciegos que caen a las vías del metro o inválidos que no pueden utilizarlo. ¿Seguiremos atrapados en el egoísmo?

Dra. Mercedes Gómez

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